La teja del diablo

 

Parte I, la hija

Querido diario,

¡Odio todo el mundo, enserio! Hoy, durante la cena, padre me ha dicho que si comía tantos huevos rellenos se me pondrían un montón de kilos encima. Luego me ha preguntado si quería estar como una vaca. Yo le he respondido que era un hijo de puta y que no tenía ningún derecho a hablarme así, puesto que ni siquiera soy su hija. Él se ha vuelto rojo de rabia y me ha pegado un bofetón, y yo me he abalanzado sobre él a morderle el cuello y, ¿sabes qué? le he hincado el colmillo hasta lo más hondo de la carne, y la sangre le ha rajado a borbotones. Se ha desplomado en el suelo borboteando palabras de auxilio mirando a mamá, que se ha acercado a él y le ha dicho que tomase nota, que no solo le había estado engañando con el cartero, sino que con el charcutero también, y con todo el cuerpo de policía, por separado y a la vez, cuando fue a denunciar el robo de la moto, por eso nos hicieron caso. Luego ha ido a buscar la teja que se cayó durante la tormenta del pasado sábado, que no ha tenido cojones de arreglar y lo ha rematado con ella. Mientras lo golpeaba han saltado los plomos y nos hemos quedado iluminadas tan solo por la luz de la luna. Mi mamá y yo riéndonos bañadas en sangre, turnandonos para jugar al medievo con ese hombre al que un día llamé papi, luego papá, luego mi padre y al final simple y llanamente padre. He disfrutado pudiendo convertir la figura paterna en una mancha de sangre en el suelo, en la personificación del gore, podredumbre eterna que me produce esa sensación húmeda tan familiar en la entrepierna, joder, sí, no puedo evitar tocarme pensando en lo que se ha vivido esta noche durante la cena, no puedo evitar recor

 

Parte II, el padre

Esta noche entre mi mujer y mi hija me han dado la cena. Primero ya la hemos tenido con lo de la dichosa teja.

- Antonio, ¿no has sido capaz de colocar esto bien? - me ha preguntado, señalando la pieza de cerámica en el suelo de la terraza, junto al césped -. Lleva dos semanas ahí.

- Eva, lleva diez días, y no he tenido tiempo - ni ganas, que pesa diez toneladas -. Y tú tampoco has tenido tiempo de rellenar la maceta que te regaló mi hermana.

- He tenido todo el tiempo del mundo, pero no he querido porque no aguanto a tu hermana.

- Yo tampoco, amor.

Y hemos follado como bestias, menos mal. En este sentido aún me conservo como cuando era adolescente.

Pero todo se ha vuelto a ir al garete cenando, mi hija se ha comido media docena de huevos rellenos, tiene trece años y pesa casi noventa kilos. Hay que controlarla con la comida, pero mi mujer se pone de su parte. Yo le digo que ella toma nota de cuánto la defiende, y que con tanto favoritismo no le hace ningún favor, sino todo lo contrario. Al final el tema ha terminado como siempre, las dos gritándome y echándome en cara cosas que dije otras ocasiones que me arrinconaron de la misma manera. He pegado dos gritos y la niña se ha ido corriendo a su habitación, llorando. Eva me ha fulminado con la mirada.

- Ve a hablar con ella.

- Pero cariño, te lo he dicho mil veces, no podemos ceder así, se va a convertir en un monstruo cuando sea más grande y entonces a ver quien la aguanta.

- Sí, con colmillos y todo - rió, es tan preciosa -. Lo que pasa es que Pepa es muy sensible, y necesita nuestro apoyo. Se pasa el día encerrada en la habitación, pero es que tú tampoco es que seas una compañía especialmente agradable. Yo no querría pasar horas con un hombre que me tira las faltas sin parar.

- Tienes razón - suspiré -. Voy a hablar con ella.

Nos besamos y fui a su habitación, tenía la puerta entreabierta, así que entré a la suave voz de cariño.

Nada podía haberme preparado para lo que encontré.

Pepa estaba sin pantalones, escribiendo algo con una mano, y con la otra se introducía un rotulador fluorescente por la vagina a toda prisa, jadeando. Dejó de escribir para emplear esos dedos en subirse la camiseta y pellizcarse los pezones.

- ¡¿Pero qué haces?! - grité -.

Emitió un chillido debido al susto y se giró.

- Estaba… Estaba escribiendo mi diario.

 

Parte III, la madre

Mi marido dejó de gustarme un par de años después de contraer matrimonio, por eso le fui infiel tantas veces, Pepa no es su hija, sino del cartero, y cuando nos robaron la moto me las ingenié para terminar haciendo una orgía con el cuerpo entero de policía.

Hoy mismo he follado con él, ha sido asqueroso. Suda mucho y me babea, y en la vida fue capaz de encontrarme el clítoris. Lo cierto es que me sentía culpable por no ser sincera con él.

Pero hoy, hoy ese sentimiento ha desaparecido: después de la discusión y de que él fuera a hablar con Pepa, he escuchado un grito. Corriendo hasta la habitación de la niña, jamás podría haber estado preparada para encontrar a mi hija forcejeando con mi marido, con un rotulador fluorescente penetrando su vagina.

Al principio me he quedado bloqueada, pero después he sabido lo que tenía que hacer. He salido a la terraza, a por la teja que él nunca tuvo cojones de arreglar, he vuelto a la habitación y acercándome con sigilo la he estampado en su cráneo con tal furia que la sangre me ha manchado toda la cara. Tranquila Pepa, este no volverá a hacerte daño.