Biografía

Hijo de Ana Susana y Pep, nací un 27 de septiembre del año 1998, ya enfadado con mis padres a causa de los celos que me producía el que sus nombres se leyeran igual del derecho que del revés, pero que el mío no. Sí, tal capacidad de razón tenía con la edad de: cero. He vivido desde entonces y espero morir en la localidad de Bigues i Riells, comarca del Vallès Oriental. Entre árboles, tomateras, perros, cerdos y gallinas mi infancia transcurrió sin mucha emoción excepto esa vez que tenía sed y bebí agua del fregadero que contenía salfumán y me picó como el chorizo. O esa vez que bajé las escaleras con los ojos cerrados y madre - Ana Susana - me encontró llorando tirado en el rellano. O esa otra vez que metí la cabeza entre los barrotes de la misma escalera y luego no la podía sacar, y padres tuvieron que untarme en aceite y tirar duro para rescatarme. O esa vez que andaba recorriendo lo alto de un muro montado en un tractor de juguete que no recuerdo como subí tan alto y me caí de bruces al suelo y manché las baldosas de sangre. Y sin más peligros que alguna pelea de pedruscos con mis primos mi vida avanzó con normalidad. Nació mi hermana Maria, y la pobre tampoco tiene un nombre que se lea igual del derecho que del revés. Esta condición nos ha unido toda la vida. Saqué buenas notas en el colegio, pero fui un niño muy malo al que ninguna de las maestras que tuvo el desagradecido trabajo de encargarse de mí recuerda con especial cariño.
Mas esto cambió después de la amenaza de expulsión el primer día de instituto, relacionada con un accidente de mochilas y fluorescentes que me provino el récord de ser el alumno en recibir un parte en menos tiempo del instituto Maria de Bell-Lloc de Bigues i Riells. La amonestación pesó sobre mí y enderecé mi actitud. Mi rendimiento académico bajó, porque no sabía qué haría con mi vida durante casi todos los cursos de la secundaria - a la edad de cinco años declaré que de mayor sería profesor de geografía e historia en Oxford, sueño que abandoné -. Siempre me apasionó la lectura y la escritura y nunca he dejado de inventarme historias surrealistas. Desde muy pequeño tomé clases de judo, participé en torneos y lo abandoné todo a la edad de quince años, porque nunca me gustó. Sí me gustó el ciclismo, que lo practiqué desde los diez años, y aún hoy lo hago. En la materia de la bicicleta de montaña nunca fui otra cosa más que el mayor experto en caerse de toda la comarca. Hematomas en los dos codos, culos abiertos, rodillas y codos infectados, la lista es larga. Me pasé al ciclismo de carretera durante mi época de universitario, toquemos madera porque aún no tuve ninguna caída. De vida amorosa pubescente es mejor no hablar.
Y al final entré al bachiller tecnológico después de un breve y divertido paso por una especialización humanista el último curso de la secundaria. De esa época no hay nada interesante a mencionar excepto que fue mi primer contacto con la marihuana y que decidí que la pasión de mi vida eran las matemáticas. Y como siempre que me gusta algo, arrasé con ellas y me gradué con una media de diez. Después de una selectividad ni muy mala ni muy buena me matriculé en el grado de matemáticas de la Universidad de Barcelona. Un desastre. De diez asignaturas solo me gustó Programación I y Programación II, que eran en C y en los exámenes se programaba sobre papel, me volví a interesar por la computación por mi cuenta, y después de un año presenté el cambio de carrera. La universidad lo aceptó y fue la mejor decisión que tomé en el ámbito académico en toda mi vida.
Durante la primavera del año 2019 entré en la consultora Basetis con contrato laboral indefinido, como programador back-end. Una deriva profesional me llevó primero a experimentar en el apartado de Data, para después de unos meses de experiencia volver al desarrollo web pero esta vez como programador front-end. Trabajo en el que me encuentro ahora mismo. En el otoño de 2019 gané una beca de colaboración con la facultad de informática de mi universidad para dar clases de laboratorio en una asignatura de Algorítmica, a pesar de que aún no había obtenido mi graduado. Puedo decir de la experiencia que fue como mínimo enriquecedora. En el día de hoy me encuentro, como todo el mundo confinado. Mi estado civil es: con una pareja muy cuqui. Tengo previsión de construir una casa en Bigues adosada a la de mi hermana, así como ser alcalde del pueblo.